Latido del mes - Febrero
Comenzamos este mes de febrero con la vista puesta en el horizonte, ya que estamos próximos al inicio de la Cuaresma. Si hay una imagen que nos puede ayudar en este tiempo a reorientar nuestra vida a su fin último y a prepararnos para vivir el Misterio de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, esa imagen es la del desierto.
El desierto es lugar de purificación, es tiempo de preparación, es momento de silencio. En estos últimos tiempos en los que hay tanta contaminación espiritual en el mundo y en la Iglesia, es más necesario que nunca huir al desierto para recogernos en soledad, oír la voz del Señor y disponernos para la misión que Él nos tenga preparada.
No nos faltará hambre, no nos faltará sed, no nos faltarán tentaciones de todo tipo, porque el mundo nos da un alimento que no sacia y nos ofrece una bebida que embriaga el espíritu para encadenarnos a sus placeres y distracciones. Pero alejarnos de estas cosas nos ayudará a querer alimentarnos de la Palabra de Dios, a pedir el agua viva que anticipa la Vida Eterna (Juan 4,14) y a fortalecer nuestra fe ante las pruebas que tengan que venir.
La Virgen María en el desierto
Son muchos los pasajes de las Sagradas Escrituras en los que aparece el desierto y te invitamos en esta Cuaresma a buscarlos y meditarlos. Queremos destacar dos que consideramos especiales porque nos hablan de que en el desierto nunca estamos solos, allí también está Nuestra Madre.
Cantar de los Cantares 3,6; 6,9 y 8,5
¿Quién es Ésta que sube del desierto, como columna de humo perfumada de mirra e incienso con todos los aromas del mercader?
¿Quién es Ésta que avanza como la aurora, hermosa como la luna, pura como el sol, temible como batallones de guerra?
¿Quién es Ésta que sube del desierto, apoyada sobre su amado?
Apocalipsis 12,1-6
“Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer revestida del sol y con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas, la cual, hallándose encinta, gritaba con dolores de parto y en las angustias del alumbramiento. (…) Y ella dio a luz a un hijo varón, el que apacentará todas las naciones con cetro de hierro; y el hijo fue arrebatado para Dios y para el trono suyo. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para que allí la sustenten durante mil doscientos sesenta días.»
Las espinas de enero
Igual que el demonio tentó a Cristo en el desierto, hoy también quiere llevar a la Iglesia a cambiar su misión divina por un fin terreno, a tergiversar la Palabra de Dios y a hacerla caer en la idolatría. Pidamos perdón por las veces que, por nuestros pecados, permitimos que tenga éxito.
Por quienes utilizan sus cargos en la Iglesia para promover doctrinas contrarias a Dios y por quienes los han puesto ahí. Perdón, Señor, perdón.
Por los que conducen a los fieles por los caminos de la sinodalidad y el falso ecumenismo hacia una unidad que rechaza la Verdad. Perdón, Señor, perdón.
Por quienes pervierten la formación de los sacerdotes, infiltrando obscenidad e impiedad en los seminarios. Perdón, Señor, perdón.
Por quienes utilizan el dinero de los fieles para comprar el perdón de los pecados que han ocultado. Perdón, Señor, perdón.
Por los quienes dejan su función de enseñar la Verdad en manos de tecnologías controladas por los enemigos de la Iglesia. Perdón, Señor, Perdón.
Por quienes pervierten abiertamente a los niños dentro de la Iglesia. Perdón, Señor, perdón.
El propósito de febrero
Reza cada viernes de este mes y de Cuaresma un Vía Crucis, uniéndote en el desierto a los padecimientos de Cristo.