Latido del mes - Septiembre
Entramos en septiembre, mes de vuelta de las vacaciones, de propósitos humanos y de reinicio de la rutina. Eso para el mundo. Para nosotros, como católicos, es una nueva oportunidad de dar testimonio de nuestra Fe, de crecer en el Amor de Dios y tratar de tenerLe cada día más presente en nuestro día a día. Y podremos hacerlo con Su Gracia y de la mano de María Santísima, de Quien celebramos algunas festividades en este mes.
Septiembre celebra, a su vez, la Exaltación de la Santa Cruz el día 14, que recuerda el descubrimiento de la reliquia por Santa Elena. Volvamos por lo tanto, en este mes de septiembre, la mirada hacia la Cruz, ofreciendo las penas, las dificultades, las contrariedades y el dolor unidos a la Preciosísima Sangre de Cristo, que se entregó por nuestros pecados para redimirnos y darnos la Vida.
También septiembre es considerado el mes de la Biblia, debido a la festividad de San Jerónimo el día 30, quien tradujo la Biblia al latín (Vulgata). Que este santo nos ayude en nuestro propósito de meditar la Palabra de Dios, verdadero alimento para el alma, todos los días.
El Dulce Nombre de María
El 12 de septiembre se celebra el Dulce Nombre de María. Meditemos esta oración de San Alfonso María de Ligorio:
¡Madre de Dios y Madre mía María! Yo no soy digno de pronunciar tu nombre; pero tú que deseas y quieres mi salvación, me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura, que pueda llamar en mi socorro tu santo y poderoso nombre, que es ayuda en la vida y salvación al morir.
¡Dulce Madre, María! haz que tu nombre, de hoy en adelante, sea la respiración de mi vida. No tardes, Señora, en auxiliarme cada vez que te llame. Pues en cada tentación que me combata, y en cualquier necesidad que experimente, quiero llamarte sin cesar; ¡María!
Así espero hacerlo en la vida, y así, sobre todo, en la última hora, para alabar, siempre en el cielo tu nombre amado: “¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!” ¡Qué aliento, dulzura y confianza, qué ternura siento con sólo nombrarte y pensar en ti!
Doy gracias a nuestro Señor y Dios, que nos ha dado para nuestro bien, este nombre tan dulce, tan amable y poderoso. Señora, no me contento con sólo pronunciar tu nombre; quiero que tu amor me recuerde que debo llamarte a cada instante; y que pueda exclamar con san Anselmo: “¡Oh nombre de la Madre de Dios, tú eres el amor mío!”
Amada María y amado Jesús mío, que vivan siempre en mi corazón y en el de todos, vuestros nombres salvadores. Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre, para acordarme sólo y siempre, de invocar vuestros nombres adorados.
Jesús, Redentor mío, y Madre mía María, cuando llegue la hora de dejar esta vida, concédeme entonces la gracia de deciros: “Os amo, Jesús y María; Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía”.
Las espinas de agosto
Cuenta el Evangelio de San Lucas que, en el momento de la Crucifixión, el Señor elevó una oración al Cielo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23,34). Imitemos su ejemplo y pidamos perdón por aquellos que flagelan, traicionan, abandonan y crucifican a Su Iglesia.
Por los que apostatan de su fe pecando de idolatría y son premiados por sus superiores.
Perdón, Señor, perdón.
Por quienes no han comprendido su vocación y se ensoberbecen hasta despreciar la Liturgia.
Perdón, Señor, perdón.
Por quienes, pisoteando su misión, dejan entrar en el redil a lobos y mercenarios, desamparando a las ovejas.
Perdón, Señor, perdón.
Por aquellos que, abusando de su cargo sin temor de Dios, desprecian hasta lo más sagrado para escándalo de los fieles.
Perdón, Señor, perdón.
Por quienes sufren la persecución por causa de fe y han sido traicionados y abandonados por la jerarquía.
Perdón, Señor, Perdón.
Por quienes renuncian a la fe y la moral y se alinean con el espíritu demoníaco del mundo.
Perdón, Señor, Perdón.
El propósito de septiembre
Leer cada día la Biblia, conscientes de que es la Palabra de Dios y verdadero alimento para nuestras almas.