Latido del mes - Noviembre
En este mes de noviembre la Iglesia se acuerda de forma especial de las benditas almas del purgatorio, almas que como dice el Catecismo son las “que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificadas, aunque están seguras de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.” (CIC, 1031).
Estas almas necesitan de nuestras oraciones, sacrificios, limosnas y sufragios, pero a medida que la fe disminuye y la apostasía aumenta en el mundo, son cada vez menos las personas que practican esta obra de misericordia espiritual. ¡Sé tú una de ellas!
El testimonio de numerosos santos nos demuestra que, a través de la Providencia divina, estas benditas almas obtienen para sus intercesores asombrosos milagros, favores y protección frente a los demonios, enfermedades y todo tipo de peligros.
La Virgen María y las almas del purgatorio
Entre las almas de purgatorio, las más privilegiadas son las que fueron devotas de la Santísima Virgen María. Dice San Alfonso María de Ligorio:
“Muy felices son los devotos de nuestra piadosa Madre, pues no sólo son socorridos por ella en la tierra, sino que también los asiste y consuela con su protección en el purgatorio.
Pero María no sólo consuela y socorre a sus devotos en el purgatorio, sino que también rompe sus cadenas y los libra con su intercesión. Desde el día de su gloriosa Asunción, día en que María al entrar en el paraíso, pidió a su Hijo poder llevar consigo todas las almas que estaban en el purgatorio, María tiene el privilegio de librar a todos sus devotos, de aquellas penas.
Muy conocida es la promesa que María hizo al Papa Juan XXII al que, apareciéndose le ordenó que hiciera saber a cuantos llevasen el escapulario del Carmen que, en el sábado siguiente a su muerte, serían librados del purgatorio.
Y si queremos aliviar a las benditas almas del purgatorio, procuremos rogar por ellas a la Santísima Virgen, aplicando por ellas de modo especial el Santo Rosario que les servirá de gran alivio.”
Las espinas de octubre
Cuenta el Evangelio de San Lucas que, en el momento de la Crucifixión, el Señor elevó una oración al Cielo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23,34). Imitemos su ejemplo y pidamos perdón por aquellos que flagelan, traicionan, abandonan y crucifican a Su Iglesia.
Por quienes priorizan la salvación del planeta a la salvación de las almas. Perdón, Señor, perdón.
Por los que relativizan la gravedad del aborto y premian a quienes lo promueven. Perdón, Señor, perdón.
Por quienes tratan de tergiversar las Escrituras para alinearse con la moral anticristiana del mundo. Perdón, Señor, perdón.
Por aquellos que desprecian la sangre de los mártires, convirtiéndolos en víctimas de conflictos sociales. Perdón, Señor, perdón.
Por quienes desvirtúan la misión de los consagrados y los convierten en pregoneros de la fraternidad y la ecología. Perdón, Señor, Perdón.
Por los que promueven un ecumenismo que no busca la conversión a Cristo de quienes se han separado de Él. Perdón, Señor, Perdón.
El propósito de noviembre
Rezar la oración «Bendita sea Tu Pureza» cada día por las almas del Purgatorio y por nuestros difuntos
Bendita sea Tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A Ti, celestial Princesa,
Oh, Virgen Sagrada María,
yo Te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Míralos con compasión,
no los dejes, Madre mía.
Amén