Latido del mes - Abril
Después de una Cuaresma en la que hemos fortalecido nuestro espíritu junto a los Padres del Desierto, llega el momento de la prueba.
La Semana Santa es la hora de la Verdad, el momento en el que vendrán las tentaciones.
La tentación de rendirnos y abandonar la misión que Dios nos ha encomendado.
La tentación de usar la violencia contra quienes nos odian.
La tentación de negar y abandonar a Cristo.
La tentación de no permanecer junto a Él en la Cruz.
La tentación de bajarnos de las cruces que el Señor nos ha encomendado en nuestra vida.
La tentación de no acudir a la Madre para que nos acoja y nos perdone.
Y también la tentación de perder la fe y pensar que no habrá Resurrección.
Estas siete tentaciones son las mismas que afrontamos hoy ante la Pasión y Muerte de la Iglesia y la respuesta que debemos dar a esas tentaciones están contenidas en las siete palabras que dijo Jesús en la Cruz. Medítalas en estos días y encuentra en ellas la fortaleza y la fe para saber actuar en estos tiempos de confusión.
La Virgen María al pie de la Cruz
La mejor forma de vivir la Semana Santa es hacerlo de la mano de Nuestra Madre. Pidamosle la gracia de poder ver a Cristo con su mirada y amarLe con su corazón.
Estaba la Madre dolorosa junto a la Cruz, lacrimosa, mientras pendía el Hijo.
Cuya ánima gimiente, contristada y doliente atravesó la espada.
¡Oh cuán triste y afligida estuvo aquella bendita Madre del Unigénito!
Languidecía y se dolía la piadosa Madre que veía las penas de su excelso Hijo.
¿Qué hombre no lloraría si a la Madre de Cristo viera en tanto suplicio?
¿Quién no se entristecería a la Madre contemplando con su doliente Hijo?
Por los pecados de su gente vio a Jesús en los tormentos y doblegado por los azotes.
Vio a su dulce Hijo muriendo desolado al entregar su espíritu.
Oh, Madre, fuente de amor, hazme sentir tu dolor, contigo quiero llorar.
Haz que mi corazón arda en el amor de mi Dios y en cumplir su voluntad.
Santa Madre, yo te ruego que me traspases las llagas del Crucificado en el corazón.
De tu Hijo malherido que por mí tanto sufrió reparte conmigo las penas.
Déjame llorar contigo condolerme por tu Hijo mientras yo esté vivo.
Junto a la Cruz contigo estar y contigo asociarme en el llanto es mi deseo.
Virgen de Vírgenes preclara no te amargues ya conmigo, déjame llorar contigo.
Haz que llore la muerte de Cristo, hazme socio de su pasión, haz que me quede con sus llagas.
Haz que me hieran sus llagas, haz que con la Cruz me embriague, y con la Sangre de tu Hijo.
Para que no me queme en las llamas, defiéndeme tú, Virgen santa, en el día del juicio.
Cuando, Cristo, haya de irme, concédeme que tu Madre me guíe a la palma de la victoria.
Cuando el cuerpo sea muerto, haz que al ánima sea dada del Paraíso la gloria.
Amén
Las espinas de marzo
En estos días en que recordamos la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, tengamos más presente cada uno de los flagelos que recibe en Su Cuerpo Místico, la Iglesia Católica, especialmente de Sus obispos y sacerdotes y pídamosLe perdón.
Por quienes atribuyen al Espíritu Santo sus herejías y errores doctrinales. Perdón, Señor, perdón.
Por quienes profanan la Casa de Dios con diversiones mundanas. Perdón, Señor, perdón.
Por quienes participan en actos de idolatría y arrastran con su mal ejemplo a otros. Perdón, Señor, perdón.
Por los que buscan desviar a los religiosos del verdadero sentido de su vocación. Perdón, Señor, perdón.
Por quienes con su omisión y silencio permiten que los errores se perpetúen en el tiempo. Perdón, Señor, Perdón.
Por los que promueven un ecumenismo que no busca la conversión a Cristo de quienes se han separado de Él. Perdón, Señor, Perdón.
El propósito de abril
Vivir la alegría de la Resurrección junto a la Virgen María,
rezando el Regina Coeli